Yo vivo en un país donde la mayoría se sobrepone a los "no hay" e inventa soluciones y sobrevive aún cuando las cosas se ponen difíciles. Y las personas de mi país no renuncian a sus ideas, ni a la alegría, ni a la solidaridad. No es el mejor país del mundo, pero es MI ISLA.

martes, 5 de marzo de 2013

Mujeres para la epopeya



“…cuando la mujer se estremece y ayuda, cuando la mujer tímida y quieta de su natural, anima y aplaude, cuando la mujer culta y virtuosa unge la obra con la miel de su cariño, la obra es invencible.”
José Martí

Madres y esposas de los Cinco junto a Fidel Castro
Con las desgarraduras que ocasiona la injusticia, van estas mujeres por la vida, no sin alegrías, no sin victorias cotidianas, pero con la pesada carga del tiempo y los sueños que les arrebataron.
Usted las ha visto muchas veces, andan por el mundo contando la historia de hombres que infiltraron organizaciones anticubanas para impedir que el odio contra la Revolución cobrara más vidas.
Las madres, hermanas, esposas e hijas de los Cinco no ostentan títulos honoríficos, pero durante 14 años han mostrado tanta firmeza y dignidad como ellos.
 A Magali Llort, Irma Sehweret, Carmen Nordelo (1933-2009), Mirtha Rodríguez, María Eugenia Guerrero, Laydes Labañino, Rosa Aurora Freijanes, Olga Salanueva, Adriana Pérez, Elizabeth Palmeiro, Ivette González y Aylín, Laura y Lisbet Labañino, les ha tocado encabezar la lucha por la excarcelación de Fernando, René, Gerardo, Antonio y Ramón.
Ellas son el escudo protector, la barrera que los salva de mayores tristezas, las inspiradoras del valor y la resistencia tras las rejas o en la condena adicional que es la “libertad supervisada”. 
Impactan por la voluntad con que asumen las acciones por el regreso de los Héroes.
Dispuesta al sacrificio de quedarse sin hijos, Adriana persiste en denunciar las atroces condenas. A pesar de la urgencia ante los años que las hacen vulnerables, Mirtha, Irma y Magali continúan al frente de una lucha que nadie sabe cuánto puede durar. Durante 14 años, Elizabeth y Olga  se han despojado del derecho al dolor para no enturbiar más la alegría de unas niñas que crecieron privadas de la presencia paterna.
Por eso estremece verlas llorar cuando las vence la emoción. No son frágiles, cada lágrima simboliza un amor dulce y bravo, y el orgullo por la dignidad con que los Cinco  afrontan la injusticia.
No serían verdad el coraje ni el  heroísmo de los Héroes sin la constancia de estas mujeres. Nadie sabe con qué artificios se forja a hembras así, pero existen, imperturbables en su causa sin importar cuan fuertes sean las tormentas.
Por eso en el homenaje y agradecimiento perennes a los cubanos encarcelados en Estados Unidos desde 1998, va la admiración por estas féminas,  cuyo valor no es menos que el de la legendaria Mariana Grajales o la desafiante Amalia Simoni.
Cuba atesora la impronta de mambisas y rebeldes que no planearon ser heroínas, pero dieron muestras de un carácter extraordinario. Las madres, hermanas, esposas e hijas de los Cinco prueban que en este país siguen naciendo mujeres hechas para la epopeya, el decoro y la grandeza.

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