Yo vivo en un país donde la mayoría se sobrepone a los "no hay" e inventa soluciones y sobrevive aún cuando las cosas se ponen difíciles. Y las personas de mi país no renuncian a sus ideas, ni a la alegría, ni a la solidaridad. No es el mejor país del mundo, pero es MI ISLA.

jueves, 10 de mayo de 2012

El primer beso

Lo recuerdo como si estuviera viéndolo, era la primera vez que mis ojos tenían delante a dos personas del mismo sexo besándose. Quedé pasmada, atónita, congelada... díganme ingenua, tonta o lo que quieran, tenía 21 años y solo había visto esta escena en la tele, muy pocas veces. No acostumbro a reunirme con homosexuales, ni camino por las calles en la madrugada -dicen que a esa hora abundan las expresiones de sexo gay.
Y miren que siempre he creído que una persona puede ser muy valiosa, sin importar con quién se acueste, ni mucho menos cómo vista. Aunque, tengo que admitir que todavía me sorprenden algunas cosas. En fin, les cuento.
Yo estaba en el zoológico, dejando pasar el tiempo para regresar al laboratorio de computación donde tecleaba mi tesis en la  Universidad. A mediodía lo cerraban y yo me iba a desandar por la ciudad con mi mejor amiga, para no ver pasar el tiempo contándonos chismes y hablando de novios en el banco de un parque. Ese día nos fuimos a ver monos y serpientes. Cámara en mano, para la sesión de fotos que nos hacíamos en cualquier sitio al que llegábamos y armadas de la sonrisa de dos traviesas colegialas... éramos felices...
Pues allí los vi, mientras otras personas miraban a los avestruces y yo fotografiaba a Evelyn, los chicos vestidos con uniforme de la Universidad de Ciencias Médicas se besaban a escondidas, aprovechando que nadie los miraba, nadie excepto yo, que por casualidad fui a poner los ojos en ellos. Se pueden imaginar que allí mismo terminó mi sociego, me resultó un poco incómodo y comencé a cuestionar mi posición de joven tolerante y abiertamente contra la homofobia, a pesar de que mis padres nunca están de acuerdo con esta postura.
Hay que entenderlos, mis viejos son de una generación que creció excluyendo a homosexuales y religiosos, y estudiando una psicopedagogía en la que se daba por sentado que la diversidad sexual era una aberración y que los y las que amaban a personas de su mismo sexo eran enfermos -en el mejor de los casos se pensaba así. Había también una fuerte y arraigada nube de prejuicios de todo tipo y los padres y abuelos nuestros sobrevivieron a algunos, pero a otros no y se sembraron en ellos para crecer y educarnos. Por eso los comprendo. Pero yo soy de otra generación, con una pisca de aquellos prejuicios y unas cuantas dosis de ideas nuevas. Por eso aquel día me pregunté hasta qué punto era consecuente con las nuevas ideas de aceptar y respetar las diferencias.
No puedo ser hipócrita, aceptarlo no implica que me guste, no implica que me sienta feliz de presenciar esas escenas, implica que no permita que se les excluya, ni que se les niegue la posibilidad de ser ellos mismos: no se puede estigmatizar el amor solo porque tengamos gustos tradicionalmente aceptados y ellos no. Implica no poner cara de horror frente a las acciones que se emprenden en Cuba contra la homofobia, sino sumarme a ellas porque reivindican a seres humanos, gente como tú, como yo, como aquel, gente con todo el derecho a amar y a ser amada. Lamentablemente todavía nuestros prejuicios ayudan a hacer un infierno de la vida de muchas familias.
Recuerdo por ejemplo, a dos hombres que murieron electrocutados mientras tenían sexo en una casilla donde habían dispositivos energizados de alta tensión, el hallazgo de los cadáveres en aquella posición  fue el show de "la Central", una de las avenidas más importantes de Santiago de Cuba. Pero esa es una historia que tal vez les cuente un día. Ahora celebro que iniciara ayer la quinta jornada nacional de lucha contra la homofobia; esa también es una forma de actuar por el bien común.

lunes, 7 de mayo de 2012

¿Por qué los cubanos no se rebelan contra el gobierno?



¿Por qué no salen los cubanos a la calle a exigir que se les cobren los servicios médicos?¿Por qué permiten que sea cada vez más bajo el índice de mortalidad infantil y que la esperanza de vida al nacer supere los 78 años?


¿Por qué no demandan la privatización de los centros educacionales y la restricción a la igualdad de oportunidades para acceder a la enseñanza media superior y la las universitarias?

¿Por qué los cubanos siguen de brazos cruzados, sin protestar contra programas de alimentación, educación y salud para proteger a la infancia?

¿Por qué protestan contra la base naval de Guantánamo y los crímenes que allí se cometen en nombre de la lucha contra el terrorismo?

¿Por qué no exigen que la Constitución sea reformada de manera que sea "legal y necesaria" la intervención y ocupación del país por tropas norteamericanas, al estilo de Afganistán e Iraq? 


  ¿Por qué no salen en huelga contra la soberanía de su territorio nacional libre de bases militares extranjeras?¿Por qué se preparan cada día para enfrentar agresiones bélicas, en lugar de rogar el perdón de Estados Unidos?

¿Por qué no admiten dos o más partidos políticos que prometan cambios en época de elecciones y luego llenen sus cuentas bancarias y permitan el saqueo de la economía cubana?

¿Por qué no veneran a figuras reconocidas del "exilio", si estos se han realizado esfuerzos colosales: como costear la voladura de un avión civil con 73 personas a bordo o un barco que atraca en puerto cubano?

¿Por qué no reconocen la bondad de esos personajes tan avezados en la promoción de leyes para prohibir el comercio con Cuba?
¿Por qué se conforman con un gobierno que no depende de las políticas de ajuste del Fondo Monetario Internacional?
¿Por qué si los cubanos fueron capaces de luchar contra el colonialismo español en el siglo XIX y contra un ejército armado por Estados Unidos a mediados del XX,  no se rebelan ahora contra el "mal gobierno"?
¿Será que los cubanos son cobardes y tontos?

Contra la tristeza

Me fascinan las personas mayores, será porque tienen el encanto saber mucho, incluso los que no fueron a la universidad y no tienen siquiera un nivel medio de escolaridad. Tengo una amiga octogenaria: Concepción, legalmente, para mí es simplemente Conchita. Esta mañana la he visto, y pensé en ella para esta entrada que ahora estás leyendo.
Es una anciana en Cuba, una de los que componen el 14 % de la población de este país, de  11,2 millones de habitantes.
"No es fácil la vida de un viejo"-dice Concha casi siempre que conversamos. Se queja porque ya su cuerpo no soporta subir una cuesta, y ahora le son inseparables reuma, artritis, diabetes e hipertensión, que se juntan o sea alternan para recordarle cuánto pueden pesar los años.
A veces cuenta lo mucho que trabajó en la construcción de su casa, lo veloces que un día fueron sus pasos y lo seductora que resultaba su voz; habla de fiestas en el campo donde se le quedaban viendo los hombres de manos rudas cuando bailaba sola y libre en medio de algún salón de madera, con piso de tierra y cobijado con guano, allá en Palenque, un asentamiento rural de La Maya, a más de 30 km de la ciudad de Santiago de Cuba.
Hace dos meses que está muy triste, su hija mayor murió y ella no imaginaba que tenía cáncer, pues por no lastimarla sus otros hijos le ocultaron esta amarga verdad.
Desde que la recuerdo peina canas, pero solía ser una mujer muy fuerte, muy decidida. Una negra voluminosa, dura como un caguairán, segura de sí y con una mirada pícara. Cuando pienso en cómo era cuando la conocí, siendo yo una niña, me vienen a la mente esos versos que Sabina dedicara a Chavela Vargas: "meztiza ardiente de lengua libre, gata valiente con piel de tigre, como de rayo de luna llena".
Pero la vida le va quitando brillo, ya no es la mujer que fue: ahora es una jubilada que parece querer jubilarse también del oficio de vivir.
Vive en una casa modesta en Chicharrones, uno de los barrios marginales de Santiago de Cuba. Con su pensión y con lo que gana cuidando a una niña de 2 años, logra sufragar los gastos indispensables. A veces se deja abatir por las carencias y se pone pesimista.
Hoy le propuse que se matriculara en la Universidad del Adulto Mayor. Es un programa social que se desarrolla en cada comunidad cubana, dirigido por los centros de educación superior y la Federación de Mujeres Cubanas. Es una universidad de aprender a vivir con la vejez: psicólogos, médicos de diversas especialidades, artesanos y otros profesionales y artistas del barrio, imparten talleres sobre cómo deben cuidar su salud los ancianos.
Se les habla de la importancia de hacer ejercicios físicos, de hábitos saludables de alimentación, de cómo disfrutar del amor y la sexualidad en la tercera edad; incluso organizan fiestas, excursiones y encuentros con alumnos de otras comunidades.
Si bien Concha, como el resto de los abuelos y abuelas en Cuba tiene garantizada la atención médica totalmente gratis y accede por eso a tratamientos que le ayudan a continuar sobreviviviendo a sus dolencias, necesita que también le curen el alma de tristezas porque cree que a estas alturas no le quedan más oportunidades, ni caminos nuevos, ni gente ni lugares por conocer...

viernes, 4 de mayo de 2012

El juego de la dependencia

"Vaya la suerte de quien se cree astuto porque ha logrado acumular objetos; pobre mortal que desalmado y bruto, perdió el amor y se perdió el respeto."
Silvio Rodríguez



Como en un mercado, donde el mejor postor consigue lo que quiere, se exhiben las jóvenes hermosas, dispuestas a entregarse a cambio de ropas, zapatos, carteras, un móvil… todo sirve para pagar.

La filosofía que parece estar de moda es que mientras haya belleza la mujer puede “luchar” y tener lo que “merece”, porque son muchas las carencias y hasta lo indispensable para vivir cuesta más de lo que se puede pagar. En consecuencia, eliminan de su lista de prioridades el estudio o el trabajo, que -aparentemente- de nada sirven pues el salario no alcanzaría ni para la mitad de los lujos que ella consigue.

Pero la belleza es efímera, y el “amor comprado” también . En ese negocio las pérdidas suelen ser mayores que las ganancias: una entrega el cuerpo, y como en la usura, continúa pagando: libertad, independencia, poder de decidir sobre sí misma, dignidad… todo queda a merced de las licencias que consienta el comprador.

La desigualdad en el acceso a los recursos económicos, a las propiedades y a los bienes, hacen a una mujer más vulnerable a formas de violencia psicológica y en ocasiones a maltratos físicos. Una mujer que no es capaz de generar sus ingresos termina mendigando en su casa, pidiéndole al marido el dinero de mantener a la familia, y por tanto, plegándose a condiciones y prohibiciones que limitan su realización personal.

Por eso es común escuchar frases como “tengo que pedirle permiso a mi marido” o “él es quien decide” y así, inconscientemente, se asume una postura infantil, sumisa, como si una no bastase para tomar sus propias decisiones. Muchas veces el que paga se arroga el derecho de controlar, manipular o estigmatizar y a menudo la conducta complaciente de las féminas crea condiciones para que se produzca el abuso en cualquiera de sus formas.

Tener que consentir y convivir con la infidelidad del esposo por no perder la casa, los bienes o la fuente de ingresos, es una manifestación de violencia; renunciar al trabajo, a los amigos que el marido no aprueba o simplemente esperar a que este “de el permiso” para actuar de un modo u otro, son actitudes que indican la aceptación del maltrato.

Por eso, una mujer de esta época debe aprender a valerse por sí misma, para no caer en el juego de la dependencia, para enfrentar y liberarse de cualquier vejamen, sin que los bienes y el dinero para sobrevivir constituyan una atadura.

Aunque parezca estar en desuso, vivir del trabajo honrado no solo provee para satisfacer en mayor o menor medida las necesidades elementales, sino que da la oportunidad de vivir una vida propia, con altas y bajas, pero sin los condicionamientos de alguien que sigue los cánones machistas que durante tanto tiempo han subyugado a las mujeres.

jueves, 3 de mayo de 2012

El tiempo de cambiar se nos acaba

El sol también tiene manchas, que no merman su luz ni ensombrecen lo suficiente como para que sea por ello obviado su valor; pues así es para mí la sociedad cubana. 

No avergüenza admitirlo, creo que quien se complace con cerrar los ojos para no ver lo desagradable hace tanto o más daño a Cuba que  el circo mediático que se erige para satanizar el socialismo y el Gobierno.
La Revolución sacó a los cubanos de una miseria que, salvo un reducido número de comerciantes, profesionales y políticos, ahogaba a la gente en los campos y en los suburbios. Una miseria que significaba no solo tener pocos recursos, también insalubridad, analfabetismo, racismo extremo, alarmantes niveles de desempleo, entre otras cosas que eran bien vistas por el gobierno de Estados Unidos y la camarilla de presidentes latinoamericanos que hacían de América un burdel. 
Pero si bien la Revolución abrió un nuevo camino, no fue, ni es una obra perfecta y estamos arrastrando la cadena de la imperfección con el grillete de la autocomplecencia.
Vivimos haciendo compromisos: en el trabajo, en las organizaciones de masas y profesionales a las que pertenecemos...
 Ante lo mal hecho, ante los incumplimientos, ante los errores prometemos cambiar, no volver a tropezar con la misma piedra. Y así sucede a todos los niveles en nuestro país.
Las dificultades que enfrentamos diariamente con el transporte, con la comida y las limitaciones en la adquisición de bienes elementales como la ropa o el calzado, no solo tienen causa en la genocida política norteamericana contra Cuba y la crisis económica global; también nosotros tenemos una gran responsabilidad.
A tal extremo hemos llegado que de continuar por donde íbamos     -en la autocomplacencia de ponderar nuestros más legítimos logros en materia social y relegar las deficiencias en la producción y en los servicios- a la Revolución podrían quedarle unos pocos años.
Hoy el enemigo más fuerte es el cúmulo de males que hemos dejado crecer: la irracionalidad en el uso de los recursos; el deterioro de la agricultura y la ganadería; las inversiones inconclusas que dejan pérdidas; los subsidios y las restricciones en la venta de alimentos, materiales de la construcción y otros bienes y algunas gratuidades –que lejos de emplearse en beneficio de los trabajadores más consagrados, servían para el esparcimiento de algunos.
Fidel lo alertó en noviembre de 2005, los cubanos somos la única fuerza verdaderamente capaz de destruir lo logrado en medio siglo de esfuerzos y de resistencia.
Han pasado siete años y Cuba se halla inmersa en una labor titánica por cumplir lo establecido en los lineamientos. Y es “titánica” la palabra precisa, pues para destronar el desorden, la falta de previsión, la incompetencia, la corrupción y la idea de que “todo nos lo merecemos”, y que el Estado debe resolver todos los problemas por pequeños que sean, hace falta primero cambiar la mentalidad. Y esa es una tarea más difícil aún.
Los lineamientos del VI Congreso del Partido y objetivos de trabajo de la Primera Conferencia Nacional pautan profundas transformaciones en el orden económico y social.
Sin embargo, cuando se leen informes sobre la economía afloran los incumplimientos de planes mínimos y de aportes inferiores a las potencialidades de los territorios. En cada caso se dice el número de los lineamientos ejecutados o no, y las bajas producciones por desorganización, falta de estrategia, de organización y control, dan la impresión de que con los lineamientos se hace algo peor que engavetarlos: se repiten de memoria como si fuera una meta alcanzarlos solo en lo formal; en el plano real a menudo se siguen cometiendo los mismos errores.
La autocrítica se alza todavía como la bandera blanca de los derrotados, el discurso de que hemos fallado y que nos comprometemos a revertir lo mal hecho, suelen ser la única respuesta y, a menudo, eso “mal hecho”, es lo mismo que se ha venido discutiendo durante años.
Si no se toma en serio esta cuestión, como una tarea en la que cada cual tiene que saber lo que le toca y cumplir, si se continúa con la visión paternalista del cuadro que no mostró capacidad en la dirección de una actividad y se recicla para que dirija otra, si no se interioriza que ya no son tiempos de discursos sino de hechos, será muy difícil salir a flote… y el tiempo de cambiar se nos acaba.

martes, 17 de abril de 2012

¿Por qué no tengo internet en casa?

Hoy alguien me preguntó por qué tengo acceso a Internet, mientras que el 75% de los cubanos no. Es una buena pregunta sin dudas, aunque no puedo decir que esta estadística sea confiable, no sé de dónde salió el número, tal vez sea mayor el porcentaje o tal vez menor.
¿Tener internet en el trabajo me convierte en una privilegiada? Bueno, creo que no, después de todo cualquiera que labore en un medio de comunicación masiva debe acceder a la realidad mundial, o a la realidad construida por los mass media.
Pero cuando salgo de aquí y me voy a casa dejo de ser una internauta, me convierto en una más de los millones de cubanos que no pueden conectarse. Aunque en esto sí les llevo ventaja, pues al menos yo sé qué colores tiene Google, hay quien ni eso.
Buscando respuestas encontré varios artículos, noticias y videos en los que se asegura que el gobierno cubano limita el acceso de la población a internet "para que no pueda expresarse libremente".
En abril de 2009,  Obama promovió un grupo de medidas entre las que estaba la posibilidad para los servicios de telecomunicación estadounidenses de "extender contratos directamente a los cubanos, y autorizaba la exportación de tecnología, como instalaciones de satélite y cables de fibra óptica" (http://informe21.com/actualidad/estados-unidos-debe-levantar-las-restricciones-tecnologicas-cuba-segun-estudio).
Luego leí que en 2010 la administración de Obama nos confería la dádiva de "flexibilizar aún más" las restricciones de Internet contra Cuba, Irán y Sudán, países del "eje del mal", a cuyos ciudadanos se les daría la posibilidad de conectarse.  Los dueños de Internet suavizarían las prohibiciones.
Pero flexibilizar es un término muy ambiguo, digamos que Estados Unidos añadió a las Regulaciones de Control de Activos Cubanos unas licencias generales que propician  la exportación de ciertos servicios de comunicaciones personales a través de Internet, como envío de mensajes instantáneos, chat y correos electrónicos, así como redes sociales.
Sin embargo, las directrices que regulan las sanciones a Cuba prohíben explícitamente inversiones en la red doméstica de telecomunicaciones aquí, una restricción que se mantiene a pesar a las reformas implementadas por Obama.
Mira qué bien!!! ¿Y con qué Cuba podría garantizar la conexión de 11 millones de personas, si su economía no le permite siquiera elevar la producción de alimentos, mejorar la prestación de servicios elementalers como tranporte, salud, educación y recreación? ¿De dónde Cuba podría sacar dinero para financiar toda la infraestructura y las inversiones necesarias para la tecnología de la información y de las comunicaciones, requeridas para extender el uso de internet? ¿Cuba podría usar el cable de fibra óptica estadounidense como tantos otros países de la región para no tener que acceder a una conexión satelital adquirida por terceros países?
Son demasiadas preguntas, ¿verdad? Lo mismo pensé, pero a la hora de razonar hay que evaluar todas las caras de la moneda, hay que pensar que se da mucha propaganda a EE.UU cuando Obama les dice a sus ministros: "ey! brother, vamos a anotarnos otra flexibilización de esas que dejan todo en las mismas!" y luego, quienes no saben de la misa ni la mitad se llenan la boca y la cabeza con la idea de que los pobres cubanos tenemos tan mal gobierno que ni nos deja ver internet.
En las universidades (a las que asiste el que está a favor del gobierno y el que no), en los hospitales, policlínicos, centros de desarrollo científico y otras esferas existe conexión a internet, no solo en los medios de prensa o de comunicación en general. También están los palacios de computación en los cuales se puede acceder a la Red.
Para que el carnicero de la esquina, el bodeguero, el panadero y el cuentapropista accedan a internet primero deberá mejorar la economía cubana y en eso estamos, tratando de actualizarla. Sin embargo, mientras EE.UU se empeñe en asfixiarnos económicamente, será muy difícil que sus reformitas superficiales ayuden en algo.

jueves, 5 de abril de 2012

Mucho mejor que en Cuba, ¿verdad?

Mira que la vida da vueltas. Estaba leyendo una noticia publicada en el Nuevo Herald sobre los recortes de gastos que realiza el gobierno español para ayudar económicamente a los llamados ex-presos políticos que salieron de Cuba "escapando del régimen". Me recuerda una nota que leí a unos meses de la llegada de los primeros "disidentes" en julio de 2010; pero de esto hablaré más adelante.

El caso es que ahora los excarcelados y sus familiares que viven en España piden trabajo, ya que se les recortarán los subsidios de 700 euros al mes para alquiler y 180 euros para otros gastos por cada miembro de la familia.
Los que llegaron  a la nación ibérica desde mediados de 2010 hasta abril de 2011, suman más de 700 (ex-presos y parientes). La mayoría según el rotativo han emigrado a otros países, pero los que se quedaron quieren que les permitan trabajar. Algo que parece difícil en un país con unos 6 millones de desempleados y una ley de Reforma laboral que da luz verde a los despidos.

Pero bien, si la anterior administración aupó a los cubanos con ayudas que no confiere a sus propios ciudadanos -que en esas mismas fechas más de 1000 propietarios quedaron sin sus viviendas por no poder pagar las hipotecas- es posible que ahora aparezca alguna opción para los que en Cuba vivían sin trabajar, y vivían bien. Claro, antes de que fueran a la cárcel por dedicarse a la subversión, negocio que la Sección de Intereses de EE.UU. en la isla paga bien, tanto que no es preciso trabajar. Pero ese no es el tema.

Ahora, no lo digo yo, lo dicen los estos emigrantes: 
“Después de un año, mis papeles aún no están arreglados,” dice el periodista Miguel Galbán, de 46 años de edad. “Por lo tanto no puedo viajar, no tengo trabajo ni un piso para alquilar.” Galbán, quien fue sentenciado a 26 años de cárcel, salió en septiembre del 2010 y pertenece al último grupo que llegó a España. Desde entonces, vive en una casa de acogida de la Cruz Roja, quien le compra la comida y le da 50 euros para el aseo personal. Está desesperado. “La cárcel fue terrible, pero la vida en España es aún más difícil. Me arrepiento haberme apresurado.” (http://bit.ly/nzuVAw)

"Los 11 ex presos políticos cubanos que llegaron como exiliados a España en los últimos días denunciaron incumplimientos por parte del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, que según dijeron les ofreció asesoramiento legal y ayuda económica para su manutención y el alquiler de viviendas. Hasta ahora sólo la Cruz Roja española les brindó ayuda, dijo Julio César Gálvez, uno de los disidentes castristas, en conferencia de prensa en Madrid."(http://bit.ly/Hl03ga)

Pero, como lo evidencia El Nuevo Herald, la situación no va a mejor sino que empeora. Este hombre, Gálvez, es de los que se quedó y ahora, casi dos años después continúa quejándose:
Julio César Gálvez, quien también llegó en la primera tanda en julio de 2010, denunció la misma situación: “No tengo un céntimo en los bolsillos”.
“Lo único que pido es trabajo y así, en vez de recibir, podré ayudar. No se trata de que me den un pescado para comer, sino de que me enseñen a pescar”, comparó Gálvez. (http://bit.ly/HXnk74)

Se dice que los 115 "disidentes" que arribaron a España lo hacían para luchar por Cuba desde el exterior, lo cierto es que se quieren hacer llamar perseguidos políticos, perseguidos no sé por quién, se supone que llegaron a la democracia, pero en mi opinión, van en busca de una razón para que no solo la Cruz Roja se apiade de ellos y aparezca otra entidad, quizás con mayores recursos, para que les dé más que un subsidio, que actualmente en España no es cosa para despreciar. ¿Será que buscan el mismo tipo de ayuda que sufragaba gastos indispensables y lujos en Cuba?

Ojo, que no soy yo quien se queja. Otro caso, lejos de España y más reciente es el de la madre de Zapata, un preso común que con su huelga de hambre sirvió para encabezar la lista de "mártires de la disidencia". Este hizo la huelga, pero hay que decir que a falta de muertos, si alguno sufre un paro cardiáco, se tilda de sospechosa su muerte y allí está: un nuevo nombre para la campaña "Fulano de tal, asesinado por los Castro". Pero este tampoco es el tema, como les decía, no solo los de España se quejan.

Esta señora dijo haber sido "engañada", no me crean a mí; leánlo en las palabras de ella que publicara en su blog el propio Galbán, el que les puse antes quejándose de España:
"Siete meses después de arribar a Estados Unidos con las cenizas de su hijo, la madre del mártir Orlando Zapata Tamayo dice estar viviendo una situación desesperada por falta de recursos económicos para sustentarse.
Tengo momentos muy difíciles, de todo corazón pienso que el espíritu de mi hijo está sufriendo con lo que le está pasando a su madre“, declaró Reina Luisa Tamayo. “Me hallo ahogada“."


Ahí les dejo estas verdades de los que muy en el fondo de su corazón, en esos pensamientos que tiene uno con la cabeza en la almohada, recordará lo rico que era ser un empleado de Estados Unidos, cobrando por "luchar" contra el "régimen".



Read more here: http://www.elnuevoherald.com/2012/04/05/1170877/gobierno-espanol-estudia-recortar.html#storylink=cpy

martes, 3 de abril de 2012

¿Por los derechos humanos?


Los asalariados disisdentes cubanos
Bueno, “disidente” se ha vuelto la palabra clave en todo lo que se publique sobre  Cuba en la mayoría de los medios de comunicación del exterior. Da la impresión de que no tiene valor el mensaje que contenga los vocablos disidentes, opositores, activistas de derechos humanos; y cuando se acaban los sinónimos, pues a generalizar que esto se lo traga cualquiera: “pueblo cubano que lucha por la libertad”, que la generalización, aunque implica el riesgo de mentir, es comercial.
Veamos. Eruditos de la política cubana, autores de “muy hondos” análisis sobre la realidad de la isla, afirman que  los disidentes de aquí son los que se oponen al Gobierno,  ellos lo llaman régimen. Y entienden que los opositores son activistas de derechos humanos y pro.democracia, ya que en la isla, según los duchos en la materia, los DDHH son violados continuamente por el régimen.
El gobierno de Estados Unidos, como buen benefactor de las causas justas en el planeta, financia las acciones de estos activistas. Y hay que ver que el historial de este padrino evidencia su voluntad de saquear recursos naturales, digo, de defender la vida en los países oprimidos. Que siempre es mejor un pueblo ensangrentado, que con autonomía sobre sus reservas petroleras, ¿no?
Ya sabemos de la labor emancipadora que encabezó Washington en Afganistán, con sus benignos bombardeos a barrios, hospitales y otros objetivos no militares y sus más de 33 mil muertos, la mayoría civiles. O lo que ocurrió en Iraq, donde los libertadores misiles de la OTAN han provocado más de 44 mil civiles muertos… quise decir “daños colaterales”.
Así es como se paga la disidencia en Cuba. He aquí las razones de Beatriz.
La bondad de estos activistas es abrumadora: Martha Beatriz Roque dijo a George W. Bush en 2006: “…quisiera felicitarlo por su labor contra el terrorismo internacional durante todos estos años y expresarle que aunque algunos, en estos momentos no estén de acuerdo, la historia lo llevará al podio de los premiados por su incansable esfuerzo”. O sea que este irá al “podio de los premiados” por autorizar masacres de inocentes y torturas en Guantánamo y Abu Ghraib. Por no aplicar a los prisioneros de guerra el trato humano previsto en la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, aprobada por la Asamblea de Naciones Unidas en 1984.
Y tienen sobradas razones para oponerse al régimen cubano, sí porque quien aprueba la ingente labor de Bush en la matanza de afganos e iraquíes, no puede admitir que exista un gobierno culpable de que los oprimidos cubanos tengan hoy una esperanza de vida  de 78 años.
Es lógico, la democracia que ellos buscan no es compatible con un pueblo ejerza el derecho a la autodeterminación, que garantice a sus ciudadanos  salud, educación, empleo… Por eso aprueban nuestros queridos activistas cualquier iniciativa, previamente pagada, que sirva para difundir la idea de que todo el pueblo de Cuba agradece la preocupación del padrino y sus benéficas restricciones del bloqueo contra la isla, ese que impide el tratamiento óptimo a niños con cáncer, por ejemplo.
Quieren que EE.UU salve a los cubanos, como a los iraquíes
Pues estos son los opositores, preconizan las ambiciones proimperialistas  sostenidas durante décadas, esas que son comúnmente aceptadas en los grandes medios de comunicación.
Estos aplauden y siguen como ovejas la conducta homicida y hegemónica que va a salvar a los oprimidos cubanos –como salvó a los iraquíes-, aprobada y secundada por la mayoría de las naciones desarrolladas.
Pues, activistas por los derechos humanos no son, más bien son mercenarios… bueno, no me culpen a mí, el diccionario de la Real Academia Española dice que  el mercenario es aquel “que desempeña por otro un empleo o servicio por el salario que le da” y también aclara “que percibe un salario por su trabajo o una paga por sus servicio”. En ese caso también podría llamárseles empleados (de la SINA). Pero es más incómodo y vende poco el llamarlos por este nombre.

jueves, 29 de marzo de 2012

Lo mejor de nosotros

En los últimos días millones de personas han estado siguiendo los acontecimientos ligados a la visita papal a Cuba. La llegada del Sumo Pontífice Benedicto XVI a este país se produjo el lunes 26 de marzo.
Ese fue el inicio de un hecho que desde su anunciación en noviembre pasado, convirtió a Cuba en blanco de una bien diseñada campaña  mediática para desacreditar al Gobierno, a la Iglesia católica, e incluso para promover irrespetuosos mensajes sobre la visita papal, tan esperada por los fieles cubanos.
La idea de que este es un país sin libertad, con su pueblo enlutado por “una sangrienta dictadura” se ha vendido al por mayor. Los argumentos llegan a ser insólitos, han ido de la mentira a la estupidez, como cuando se difundieron las declaraciones de políticos cubano-americanos  criticando la voluntad de Su Santidad de oficiar misas en Santiago de Cuba y La Habana,  pues con esto “se legitimaría al Estado”. 
Semanas antes del suceso, con una facilidad increíble los vociferadores matizaban el discurso y echaban mano a cuanta idea contribuyera a satanizar la realidad de la nación, invitando al líder católico y las autoridades eclesiásticas cubanas a apoyar a los “valientes disidentes”, a quienes definen con el genérico y comercial título de “pueblo cubano que lucha por la libertad”.
Pero esta vez, tuvimos la oportunidad, casi única, de mostrar qué piensa realmente el pueblo cubano. No con actos políticos ni eufóricas alocuciones, no con la rebeldía que convierte a los revolucionarios en los verdaderos disidentes de un planeta que va cuesta abajo entre guerras y pobreza; esta vez solo con la conducta respetuosa, con la alegría de dar otro paso hacia la unidad nacional.
¿Qué hallaron las cámaras y las plumas no siempre amigas de la prensa internacional? ¿Qué vieron los visitantes y los que desde sus computadoras siguieron la presencia del Papa en Cuba?
Lo que somos: un pueblo que se construye como puede, que se equivoca, que se ha caído y se ha levantado tantas veces por sí mismo, que no es perfecto. Vieron a hombres, mujeres y niños que se precian de la hospitalidad, el respeto y la alegría que profesan a cualquier ser humano, lo mismo a un estadista, un líder religioso o a un trabajador humilde que venga a ser curado en nuestras instituciones médicas.
Una noticia que nos alegró a todos fue el encuentro de Fidel con Su Santidad. Cada uno con sus ideas, compartiendo en un ambiente de respeto y simpatías mutuas. Fue bueno además porque al margen de la significación del encuentro, vimos a Fidel. Y cuando sale en la tele todos escudriñamos su figura: sus gestos, su rostro, su ánimo, y nos regocija encontrarlo saludable, sonriente…
El Gobierno y la Iglesia dispensaron la mejor atención al Obispo de Roma; no faltaron honores, seguridad y confort. Es tan así que Benedicto XVI antes de partir expresó su agradecimiento por la acogida que se dio en la isla.


Ah! El “disidente”. Sí, claro, cómo olvidarlo. Un hombre que gritó “Libertad” y  “Abajo el comunismo”. No podía faltar, había que suscitar algún incidente que diera trigo a la campaña satanizadota, había que dar la impresión de que “el pueblo de Cuba” se manifestaba. De pronto lo importante no era la afluencia masiva de creyentes y no creyentes a las misas o las calles que recorrería el Sumo Pontífice, de pronto era más urgente hablar del único “manifestante”. Pero bueno… hay que comprenderlos, no? Todo un pueblo alegre y respetuoso, feliz de ver al Papa y de compartir con él la fe o el amor por una imagen que ha acompañado a los cubanos durante 400 años, en los buenos y malos momentos, no se parecía a lo que esperaban encontrar, o a la imagen que les hacía falta vender. Por eso el carnaval que se armó después tenía solo un muñecón y los que viven de “oponerse” se hicieron eco de todo lo que aderezara la violenta escena de los agentes de seguridad sacando al que gritaba lo más rápido posible, porque estoy segura que de haberlo dejado allí el pueblo le haría tragar sus palabras.
Es así, es cierto, uno de los presentes lo abofeteó. Pero pudo ser peor, los cubanos y en especial los santiagueros somos personas “de mecha corta”, o sea que no pocas veces respondemos violentamente a las agresiones verbales contra personas o cosas que queremos y respetamos. Que a nadie le asombre, porque  aunque no es plausible, esa bofetada fue una muestra de la indignación que provoca esta disidencia que se opone si hay dinero de por medio.
En fin, creo que la visita sirvió para que nos viera el mundo tal cual somos, como una maqueta: pueblo unido, apoyo masivo a lo que de alguna manera beneficie la unidad entre creyentes y no creyentes, respeto, alegría, cultura, un “disidente” y la gran bofetada a favor de la Revolución… Eso somos, así vive hoy esta isla. Mostramos lo mejor de nosotros.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Cuba (para derechos humanos, léase el prospecto español)

Así están las cosas: España vuelve a declarar que no cambiará su apoyo a la Posición Común Europea, en tanto Cuba no muestre "progresos" en materia de democracia y de derechos humanos. Lo dijo el domingo José Manuel García-Margallo, canciller ibérico, en una entrevista en televisión.

 
¡Vaya! A estas alturas el gobierno de Mariano Rajoy hablando de derechos humanos, parece una broma.
El país de los desempleados brutalmente reprimidos nos viene con esta charla de "buena conducta", ahora que sus estudiantes reciben disparos con balines de acero.
La práctica demuestra que Madrid no ha logrado curarse el complejo de metrópoli. Sigue al pie de la letra esa suerte de “acuerdo tácito”  de que cada miembro de la Unión Europea plantee la política hacia las naciones que fueron sus colonias.
En 1996, el “caballerito insolente”, perdón, José María Aznar –cuya campaña presidencial recibió fondos de organizaciones anticubanas en Estados Unidos- propuso a Los Quince cercar económicamente a la isla y fomentar la llamada disidencia anticastrista.

En otras palabras, comenzó a saldar las cuentas con sus acreedores de Miami, los mismos que han financiado el asesinato de campesinos y maestros en Cuba, la guerra biológica contra la población y la economía, las bombas en hoteles de La Habana y la voladura de un avión, que costó la vida a más de 70 civiles, cubanos y extranjeros. La lista es larga, pero eso es tema para otra entrada.
Así lo publicaba El País, en edición del 13 de noviembre de ese año, antes de que se aprobara en la UE la Posición Común:
“ El paquete que propone Aznar se alinea estrechamente a la actual política norteamericana. La iniciativa que pretende sacar adelante el Ejecutivo de Aznar supone cerrar los grifos de la cooperación y de los créditos de Los Quince y elevar el nivel del diálogo con la oposición anticastrista.”
Como si no bastara con promover restricciones económicas para matar de hambre a un pueblo, casi 20 años después, García-Margallo se da el lujo de afirmar que seguirán apoyando esta Posición Común mientras no van esos "progresos". Nos viene a hablar de derechos humanos y democracia, con el mayor cinismo, sin ver a su alrededor.
Obviando el hecho de que desemplear a casi 6 millones de personas, dejando a buena parte sin casa, no es precisamente un éxito en materia de derechos humanos. Y menos si su gobierno anuncia que en 2012 empeorará la situación del desempleo y como tarjeta de presentación escupe sobre el deteriorado sistema una nueva reforma laboral para dar luz verde a los despidos, para desproteger a los trabajadores y beneficiar a los empresarios. Es así como Rajoy pretende solucionar el problema medular de la sociedad ibérica. Sí que es rara la concepción de estos paladines de los derechos humanos.

Pero supongamos que no nacieron allí los indignados, con sus sobradas razones para la repulsa; que no recibieron bestial represión los estudiantes que pedían calefacción en Valencia para poder estar en sus aulas, donde con 5 ó 6 grados, era difícil permanecer. Supongamos que en España no está al 50% el paro juvenil, y que quienes antes laboraban y ganaban su dinero, ahora viven con sus padres, subsidiados y van a albergues a pedir comida. Supongamos que España es un paraíso, que no es nada de lo que realmente es.

¿Qué tan legítimo es el interés en los derechos humanos del pueblo de Cuba si este gobierno se suma a la noble tarea de generar hambre y pobreza en una nación bloqueda económicamente por Estados Unidos?


En Algo tienen razón: Cuba estaría descalificada en esta competencia que ellos asumen, al parecer, como un claro ejercicio de respeto por los derechos humanos. Esa carrera desenfrenada de ver quién destruye más rápido a los de abajo, quién deteriora más su sociedad en menos tiempo.